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miércoles, 9 de marzo de 2011

Esa Historia (4º parte)

María vivía sólo pensando en él, Pedro le preguntaba a veces que cuantas veces al día pensaba ella en él, ella no respondía ya que era imposible contar las veces, sería más fácil contar cuantos segundos no pensaba en él, en su sonrisa atractiva, en su forma de andar, en su forma de mirarla, en todo.
Cada vez que hablaban, Pedro se refería a ella como su novia y María le decía que no estaban saliendo, pero el se negaba a escuchar esa respuesta.
María estaba enamorada de él de una forma que nunca antes lo había estado de nadie, era como en las películas, sintiendo esas mariposas en el estómago, esos temblores en las piernas cada vez que hablaban, esas caras de tontita cada vez que lo veía, esa sonrisa que le salía cada vez que escuchaba su canción, su nombre, cuando pasaba por esa calle por la que ellos habían andado juntos, todo le recordaba a él.
Cuando te enamoras te crees la persona más feliz del mundo, una persona a la que no le falta nada, una persona que es querida y admirada con sus virtudes y fallos.Una persona que cuando piensas es ajena a ti, porque pasa las tardes y las noches pensando en ir al colegio sólo por verle aunque sea de espaldas.
Cuando maldices irte de excursión o cualquier fiesta o fines de semana sólo porque sabes que el no va a estar, porque sabes que no lo vas a poder ver, por lo que te deprimes.
Cuando pasas el día entero mirando como una tonta a la pantalla hablando con él y te ríes o sonríes y tu familia te pregunta de qué te ríes, cuando estas escondiéndote por tu casa porque es muy tarde y tienes que dormir pero te sientes como si te acabases de despertar, llegas al instituto y no has hecho los deberes por hablar con él y te da igual que te pongan el negativo, y pasa lo mismo con los exámenes, que te presentas sin haber estudiado apenas.
Eso es lo que sentía María todos los días.
Pedro consiguió que al final todo el mundo se creyese que estábamos saliendo y todos me decían que porque no les había contado nada.
Él pasaba el día recordandole lo guapa que era, el buen tipo que tenía y lo mucho que la quería, estuviese como estuviese de ánimo, eso siempre la ponía feliz y le hacía olvidar sus problemas ya sean familiares o cualquier otra cosa.

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